Las Crónicas de Perronia

El mastín, el etólogo y la caseta para perros

Hoy vengo a hablaros sobre nuevos casos y aventuras, una caseta de perro hecha por nosotros y la llegada de nuestro primer perro permanente. Incluyo también una reflexión sobre mi futuro.

Me encanta escribir aquí porque me obliga a avanzar. Es como un amigo que te pregunta “qué tal” y quieres responderle para que esté orgulloso de ti.

Si es la primera vez que lees uno de mis artículos, puedes leer desde el primer artículo.


¿Qué tal?

Como siempre, han sido semanas movidas pero todo va bien. En el trabajo, del que ya hablé el artículo pasado, me lo paso bien y me llevo genial con mis compañeros. Dicho esto, entremos en el meollo.


Caseta del perro

Tras varios meses planeando y preparando material de la caseta de perro con mis suegros, finalmente quedamos un día durante el fin de semana para hacer el montaje. Estuvimos más de 12 horas seguidas trabajando — con parada para comer y cafés — aunque debo decir que yo solo estuve como ayudante.

El objetivo era tener una caseta donde el perro pueda entrar y salir para no mojarse ni pasar frío, con un aislamiento excelente — hasta 6 capas — y a tamaño de mastín.

En primer lugar escojimos el sitio mejor comunicado con todos los espacios del exterior de la casa disponibles.

Como el perro estará afuera y de momento no tenemos vallas — estamos esperando a las reformas del casero — le colocamos una linea de acero de 15 metros a través de la cual podría moverse, con una cadena de 4 metros, resultando en un área de radio enorme de movimiento alrededor de la casa. Para asegurar libertad de movimiento pero sin dejarlo suelto y arriesgarnos a que se escape, llegue a la carretera o se pierda.

Más de uno pensará que estamos siendo crueles al dejarlo a fuera. Esto lo hacemos así porque se trata de un mastín, una raza de trabajo y físicamente está pensado para vivir en el exterior. No es un perro faldero. De hecho, lo hemos podido comprovar en que cuando estamos cerca le dejamos la puerta de casa abierta y apenas pasa del umbral.

Volviendo al montaje de la caseta: primero descargamos la furgo de materiales y empezamos a montar la base y las paredes principales de la caseta.

Posteriormente empezamos a poner placas de PVC en el interior de la caseta, para hacerla fácil de limpiar por dentro en caso de que hubieran “incidentes”.

Posteriormente, colocamos un plástico que serviría de aislante extra, haciendo más imposible la entrada de agua en el interior.

Acto seguido — bueno, en realidad unas horas de trabajo después — ya estábamos recubriendo el exterior de la caseta con madera y el techo con un material especial

Tapamos el agujero de entrada para que no se colase ningún animal — mientras no tuviéramos al perro y…

Ya teníamos la caseta, ahora sólo había que irla barnizando un par de días y estaría lista. Quiero dar las gracias a mis suegros, sin los cuales no podríamos tener hoy esta maravilla de caseta.

Unos días después llegó Punt

¡Llega el perro! Os presento a Punt

Punt, el mastín de los pirineos

Aunque de forma algo inesperada — porque tenía planeado quedar con los anteriores dueños un sábado y vinieron un miércoles — llegó Punt y ha sido mucho mejor de lo que esperaba. De hecho, creo que me he enamorado de los mastines por su culpa.

Esta es una foto de la noche en la que llegó. El pobre estaba ansioso y preocupado porque lo acababan de dejar con unos desconocidos, pero pedía mimos y …¿Con esa cara de osito de peluche, quién le dice que no?

Estos días, bajo mi seguimiento, ha demostrado adaptarse muy bien a su nueva vida. Y a mí me encanta estar con él. También he empezado a enseñarle algún truco, aunque sólo lo hago como un juego para estrechar lazos con él.

También he visto que es muy pacífico con otros perros, lo cual era clave para la residencia. He tenido mucha suerte.

Por cierto: por irónico que parezca, Punt no le hace ni caso a su caseta. De hecho jamás lo hemos visto usarla. Habrá que ver qué hace cuando llueve, pero si no le gusta ni la hace servir — como ya digo, por su naturaleza de mastín — tal vez piense en aprovecharla para otra cosa.


Felicitaciones de seguidores

Aún no llego a tanta gente como me gustaría, pero recibo cada vez más felicitaciones por la ayuda que aportan mis escritos y trabajo.

A veces, una pregunta bien respondida en Quora puede educar e informar adecuadamente a muchos dueños de mascotas. Pero como he ayudado más ha sido con mis artículos en animal.cat

Varias personas me hablaron sobre el artículo que escribí sobre el Perro Lobo Checoslovaco (PLC), donde — viendo venir la moda de la raza — aviso de los peligros de tener uno de esos semilobos, si no eres un experto en conducta canina ni tienes un terreno enorme, entre otras cosas.

Me han dicho ya varias personas que gracias a ese artículo — que a dia de hoy sale el primero en el buscador — se han ahorrado muchos problemas. Probablemente haya evitado que más de uno de esos animales acabe abandonado o en una perrera.

La información es poder, y a veces puede hacer algo más que darte recursos.

Tal es otro caso de una seguidora que me ha afirmado que el artículo que escribí sobre la letal torsión de estómago la ayudó a descartar a tiempo ciertos síntomas y salvar la vida de su perro.

Me llena mucho saber que lo que escribo ayuda tanto a mucha gente

No suele gustarme pararme a valorarme ni a echarme flores, soy ambicioso pero humilde y me parece una pérdida de tiempo. Pero cuando tanta gente me contacta sólo para darme las gracias o porque están interesados y quieren saber más, tengo que acabar reconociéndolo. Lo que hago es útil para el mundo, a su manera.


Casos interesantes

Sé que dije en el anterior artículo que de momento iba a dejar de adiestrar. Y así es, pero quiero matizarlo. Creo que ya sé cómo enfocar el tema gracias a una experiencia reciente.

Han llegado a mí varios casos donde no he podido hacer otra cosa que ayudar. Es curioso, porque al poco de sacar el dlog donde mencionaba que quería dejar de invertir tiempo en este tipo de cosas, me empezaron a llegar mensajes de gente que necesitaba ayuda.

Los problemas iban desde simple falta de información sobre — por ejemplo — cómo socializar a su perro, hasta casos más complejos. Hablaré sobre uno que ha provocado un cambio de paradigma en mi forma de trabajar.

El bodeguero reactivo

El que más destacaría es uno que pude ver en persona: un bodeguero andaluz que mordía a sus dueños de forma inesperada, en el sofá o en la cama, incluso en momentos de relax.

Inicialmente enfoqué el caso como si fuera un adiestrador, pero mientras analizaba al perro vi que era un caso complicado. Aparte de problemas básicos de normas en casa, había algo de mala gestión emocional.

No voy a entrar en detalle, pero veía venir que de nada serviría modificar la conducta y cambiarla por otra si luego el perro iba a estar igual o peor internamente. La agresividad saldría por otros sitios.

Decidí probar otro sistema: conocer primero mejor al perro, quedándomelo un tiempo en casa para ver cuál era su personalidad — perronalidad — y personalizar el trabajo que haríamos luego con los dueños.

Resultó ser que algunas cosas que sospechaba eran cómo creía, pero gracias a haberlo tenido conviviendo conmigo — como si estuviera de residencia — ví patrones que no encajaban con lo que me esperaba y pude tomar mejores decisiones.

En primer lugar, opino que los adiestradores y educadores caninos no son realmente psicólogos de perros. Por mucho que las escuelas caninas lo quieran vender como tal.

Un educador bien informado puede aportar los primeros auxilios a problemas graves, pero en principio el profesional que está verdaderamente cualificado para tratar problemas psicológicos en un perro — a través de terapia — es el etólogo clínico. Un veterinario cualificado para tratar problemas de conducta, que incluso podría recetar pastillas para solventar algunos síntomas.

Así que decidí que era un tema muy complejo como para arreglarlo sin recurrir a un verdadero profesional, y le comuniqué a los dueños que iba a ayudarles, pero que debían consultar a un especialista. Derivando así el caso.

Les escribí un artículo personalizado con una serie de pautas bien detalladas sobre lo que podrían hacer con su bodeguero para solventar todos los síntomas de los que hablamos y empezar a solucionar realmente el problema.

Acabemos con el intrusismo en la profesión. Predico con el ejemplo

Lo que les escribí eran algo más que los primeros auxilios que les podría dar un simple educador canino, ya que conocía bien al perro y me basaba en conocimiento científico actual y riguroso. Pero un etólogo clínico podría acabar de rematarlo todo, corrigiendo o aportando lo que faltase para que el perro no volviera a sentirse ni comportarse de aquella manera. Todo depende de la evolución, sobretodo en casos como este.


Nueva definición de mi identidad “perrofesional”

Agarraos porque vienen curvas, quien no lleve puesto el cinturón de seguridad queda avisado. Viene un apartado lleno de baches técnicos, pero puede ser muy interesante cuando lleguemos al destino final.

Pienso que hay que derivar y dejar de pisarse unos a otros, es por eso que he decidido que voy a definir mi estilo. Quiero ayudar a los dueños a manejar mejor a sus mascotas, a mi manera.

¿Adiestrador, educador canino?

Ya llevo algún tiempo molesto con la idea de presentarme como adiestrador y que la gente que no me conoce me compare con participantes de concursos de belleza canina, criadores o jueces de agility. Cuando en realidad somos como el agua y el aceite. Además, que la parte que me apasiona es la teórica y aplicada — difundir y educar a dueños.

Un adiestrador es aquel que diestra a un perro, le aporta una nueva habilidad. A menudo me aburre hacerlo, aunque esto tiene cierta complejidad práctica. Hay tutoriales y técnicas por todo internet, por lo que no cuesta mucho encontrar información sobre cómo adiestrar a cualquier perro — uno mismo. Aparte, ya he hablado de lo que me parece en el anterior artículo.

El educador canino a menudo se identifica como sinónimo de adiestrador, aunque yo lo relaciono más a usar técnicas de adiestramiento para manejar al perro y enseñarle qué debe hacer en situaciones cuotidianas. O como parte del trabajo de un criador para educar cachorros.

Ahora sé que no me gusta enseñar habilidades a perros de otros ni meterme en su casa para decidir cómo deben convivir de ahora en adelante.

Respeto la profesión, ya que puede ser de gran ayuda en muchos casos, pero a menudo los ejercicios que se siguen van en base a una aburrida plantilla que siguen los técnicos, y es un error: cada perro es un mundo. Es por eso que tantos casos jamás se solucionan de esa forma.

Por tanto, aceptando las ventajas y limitaciones de la profesión, no me siento identificado con los adiestradores ni educadores.

Creo que esto va más allá de ser un simple técnico del comportamiento. Soy etólogo investigador — por estudios — y decir que simplemente soy educador canino no le haría justícia.

Cualquiera puede adiestrar a un perro si sabe las técnicas y tiene práctica con menor o mayor calidad, pero dudo mucho que cualquiera pueda analizar el problema de un perro basándose en observaciones objetivas, deducir las causas y dar pautas personalizadas sobre lo que se puede hacer, lo cual requiere mucho más conocimiento sobre perros.

Me gusta mucho más dar pautas sobre educación — como ya hago con los artículos — por lo que en esta parte podríamos decir que coincido.

Además, me mola divulgar conocimiento actual — y bien seleccionado — sobre la psicología canina y ver que este es útil sin mi intervención directa.

Y no es lo mismo adiestrar a un perro con cualquier técnica, que aplicando lo que sabes para orientar al dueño y seleccionar la mejor técnica y la mejor habilidad para enseñarle a su perro en cada situación.

Poniendo de ejemplo de nuevo el caso del bodeguero creo que podré llegar a una conclusión:

Pude ayudar a los dueños aunque en ningún momento le enseñé ninguna habilidad al perro, así que no lo adiestré. Tampoco le enseñé normas — sólo las de mi propia casa — por lo que tampoco lo eduqué. Todo lo que hice fué analizar al perro a través de diversas situaciones para conocerlo mejor, y poder dar unas mejores pautas a los dueños.

Orienté a los dueños con pautas que luego siguieron de forma natural, es decir sin mi intervención forzada. Las normas en casa cambiaron, pero la mayoría de los ejercicios los hicieron los dueños sólos, con su propio criterio aunque siguiendo las instrucciones que les di.

Alguien que aplica su conocimiento para analizar un caso no es otra cosa que un experto al que consultan la mejor forma de solucionar un problema.

Conozco perfectamente cual debe ser la conducta canina saludable y cómo debemos comunicarnos con los perros teniendo en cuenta todas sus capacidades, su carácter y gestos naturales— y cada día sigo aprendiendo.

No tengo el master en etología clínica veterinaria — ni creo que lo haga — así que no puedo estar en una consulta veterinaria. Pero he estudiado muchos años de carrera universitaria en psicología especializándome en conducta de animales, y se me cataloga como etólogo investigador. No me lo invento.

Igual que hay varios tipos de psicólogo, ¿porqué no pueden haber diferentes tipos de etólogo? En psicología, la figura principal de intervención es el psicólogo clínico, pero hay muchas más especialidades que no se pisan y que se derivan mutuamente dentro del campo de la psicología. Parece el camino lógico a tomar cuanto más avanza la etología.

La etología debería de ser una ciencia multidisciplinar, y no limitarse a solucionar “problemas de conducta” — cuando algo nos molesta. Como ya ocurre en el ámbito de la investigación en etología, donde se exploran otros aspectos no relacionados con el ser humano como los enriquecimientos ambientales, que mejoran la calidad de vida y salud psicológica de los animales cuando están enclaustrados.

Así que — a pesar de que no es un término muy conocido — me quedaré con la figura del etólogo, concretamente me podría llamar asesor — orientador — consultor especializado en etología educativa.

Soy un divulgador y experto en conducta canina en contextos de educación que puede darte pautas personalizadas en el uso de accesorios, técnicas y normas en casa.

Una orientación que mucha gente necesita cuando no sabe qué debe hacer ante su problema. Incluso, para decidirse a visitar al etólogo clínico.

Siento la chapa técnica

Como imagino al lector promedio ahora mismo:

Seguro que seguiré teniendo problemas cuando quiera explicarle a alguien lo que hago, ya que lo que hago por internet es de divulgador, a menos que alguien me consulte. Así que probablemente simplifique la definición de alguna forma, aunque quiero evitar que me confundan con un etólogo clínico. Se aceptan sugerencias.

Es posible que siga aceptando casos, pero seleccionando sólo en los que me sienta a gusto, sobretodo de cachorros. Aunque ese es otro tema que aún estoy explorando.

¡Eso es todo! Si quieres seguir leyendo más cosas así sólo tienes que darle a la campanita

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